Desde 1930 se celebra la Copa Mundial de Futbol, gracias a Jules Rimet

A bordo se encontraban las selecciones de Rumanía, Francia, Bélgica y Yugoslavia, así como 3 árbitros y el recién nacido trofeo de la Copa Mundial de la FIFA™.

El portador del insigne galardón era Jules Rimet, presidente de la FIFA, a quien el viaje hasta Uruguay le había ocupado mucho más que una quincena.



El francés había lanzado por primera vez la idea de celebrar una Copa Mundial una década antes, en los Juegos Olímpicos Amberes 1920.

Al año siguiente, tras ser elegido presidente, Rimet retomó su propuesta con renovada energía, inspirado por la idea de unificar y reconciliar a las naciones a través del deporte y frustrado por la exclusión de los jugadores profesionales del Torneo Olímpico de Fútbol.

Sin embargo, encontró una fuerte oposición. Por extraño que pueda parecer ahora, en sus comienzos la Copa Mundial no contaba con un apoyo universal, ni siquiera mayoritario.

Rimet tuvo que esperar hasta 1928 para conseguir los avales necesarios para aprobar una moción en el Congreso de la FIFA, declarando que este nuevo certamen global debería comenzar en 1930 y que se organizaría cada 4 años.

Incluso entonces, la designación de Uruguay como sede (motivada por el dominio de la Celeste en las dos ediciones previas del Torneo Olímpico de Fútbol y la oferta del país de cubrir los gastos de viaje de los combinados participantes), provocó que varias naciones europeas boicotearon la competición.
No obstante, el entusiasmo con el que Rimet y las selecciones fueron recibidos, e hicieron que la primera Copa Mundial se declarara un éxito rotundo.

El polémico torneo no solo sobrevivió, sino que prosperó, y con ello la visión de Rimet quedó plenamente justificada.

El galo supervisó las 5 primeras ediciones, entregando el trofeo por última vez al alemán Fritz Walter en 1954, en el mismo mes en el que puso punto final a su larga e ilustre trayectoria como presidente de la FIFA.

El reconocimiento a su destacado papel en el desarrollo del certamen se había producido ocho años antes, cuando ese trofeo que Rimet portaba en su equipaje en Uruguay 1930 fue rebautizado en su honor.

Fue un digno tributo a un hombre que al encargar la creación del premio al escultor Abel Lafleur apuntó, de nuevo con una extraordinaria visión de futuro, que en su elaboración se debería utilizar el oro para simbolizar la consolidación de la Copa Mundial como “el acontecimiento deportivo más importante del mundo”.