Pongamos todo en perspectiva / Carlos VillalobosLo que ocurrió en el Senado con Alejandro “Alito” Moreno no necesita mayor adjetivo más que impresentable.
Durante la sesión de la Comisión Permanente, el dirigente nacional del PRI perdió el control, otra vez, ya que subió a la tribuna y, en pleno Himno Nacional, increpó a Gerardo Fernández Noroña para posteriormente irse a los golpes contra el todavía presidente del Senado. Sí, empujones, manotazos, incluso puñetazos, todo mientras un colaborador de Noroña era derribado y por si fuera poco, tras el bochornoso episodio, el priísta se presentó ante la prensa no para disculparse, sino para retar a su adversario: “Que venga aquí para darle unos chingadazos”, dijo, con el aplomo de quien no entiende que la política se supone, al menos en teoría, que se ejerce con argumentos, diálogo, concertación y no con amenazas y mucho menos a golpes.